30 sunsets para enamorarte by Mercedes Ron

30 sunsets para enamorarte by Mercedes Ron

autor:Mercedes Ron [Ron, Mercedes]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Romántico, Erótico
editor: ePubLibre
publicado: 2023-05-11T00:00:00+00:00


17

ALEX

Tenía desnuda ante mí a la mujer más espectacular que había visto jamás. También tenía una erección que difícilmente se hubiese podido disimular, pero en mi cabeza no solo había pensamientos lujuriosos hacia ella, al revés. Creo que fue la primera vez en mi vida en que follar no fue una prioridad, sino algo que quedaba totalmente relegado a un segundo plano para dejar espacio a todo lo demás.

Nos metimos en el agua, iluminados solo con la luz de la luna. La vi sumergirse por completo y volver a resurgir. Sus pechos apenas quedaban cubiertos por el agua, la cubrían lo justo para que solo pudiera ver el inicio de sus pezones. Esto le otorgaba a la imagen de su desnudez un tinte misterioso y que solo hacía que mis ganas de poseerla fuesen aún mayores.

Yo también me hundí en el océano y sentí un poco de vértigo. Estábamos alejados de toda civilización, en una playa escondida en mitad de la noche. Si algo nos ocurría, nadie sabría jamás qué habíamos estado haciendo. Eso le concedía a aquella velada un tinte fantástico difícil de ignorar. Me sentía como si estuviésemos envueltos en un hechizo que solo nosotros podíamos romper… Pero ¿por qué romperlo cuando me hacía sentir más vivo que nunca?

—Ven aquí —le pedí cuando la vi alejarse demasiado. No quería que se separara mucho de mí, la necesidad de protegerla aumentaba con cada minuto que pasaba con ella.

Nikki se acercó nadando y me colocó las manos en los hombros. La sujeté y la insté a rodearme la cadera con sus piernas.

Me estremecí al sentir su desnudez en mi estómago. Mis manos bajaron casi por instinto hasta cogerla por el culo y apretarla contra mí. Nikki me miró a los ojos y yo le sostuve la mirada, porque no me atrevía a fijarla en otra parte. Quería ir despacio… Ya me lo había dicho, alto y claro.

Antes de que pudiera preguntarle hasta dónde me dejaría llegar, se inclinó hacia mí y posó sus labios sobre los míos. La sujeté con fuerza y dejé que me besara. Fue la primera vez que ella tomó las riendas del beso. Me fascinó su dulzura, su timidez, pero a la vez su obvia necesidad de más. Nuestras respiraciones estaban aceleradas. En cambio, el mar se hallaba en calma y podía incluso oír los latidos desenfrenados de mi compañera, al mismo ritmo que los míos.

No sabía qué ocurriría si iba más allá, pero no podía aguantar más. La tanteé primero, despacio, a ver si me detenía. Como vi que no lo hacía, dejé que mis manos la acariciaran como llevaban queriendo hacerlo desde el mismísimo minuto en que la conocí.

Le aparté el pelo y lo dejé caer sobre su espalda. Fui bajando la mano, acariciándola desde su mejilla por su costado, hasta llegar a su pecho. Me permití observar sus pezones, que se erguían con mi contacto. Mi otra mano aún seguía sujetándola con firmeza por la cintura, pero dio igual. Cuando rocé su pecho izquierdo, el derecho se despertó casi al mismo instante.



descargar



Descargo de responsabilidad:
Este sitio no almacena ningún archivo en su servidor. Solo indexamos y enlazamos.                                                  Contenido proporcionado por otros sitios. Póngase en contacto con los proveedores de contenido para eliminar el contenido de derechos de autor, si corresponde, y envíenos un correo electrónico. Inmediatamente eliminaremos los enlaces o contenidos relevantes.